jueves, 21 de marzo de 2013

El placer de la bici

Pedalear, poner cara de velocidad en las cuestas arriba, y una sonrisa de oreja a oreja en las cuestas abajo, y un ¡¡¡yupi¡¡¡ me sale por la garganta, mientras voy surcando piedras, baches, arena y charcos de agua, algunos tan grandes que me llenan de chispitas de barro, ¡ Ahí viene otro ¡¡, no lo evito, me voy de lleno a él, atravieso su panza líquida. ¡ Un placer inmenso¡
Total, si solo tengo diez años.....

lunes, 11 de marzo de 2013

Un balcón de luz

Sorprende la luz del Mediterraneo y mucho más cuando en el resto del país la lluvia lo inunda todo, durante dias y dias y ni siquiera nos permite ver el sol. Eso fuimos a buscar el fin de semana, esa luz mediterranea,tan especial, olvidada durante el invierno, y que nos sorprende tan gratamente, en su encuentro y nos carga de su energía sanadora.

La caminata, pasando primero por la Cala Blanca, en esta época del año, en un día soleado, sin viento, sin gente, solo con el chillido de las gaviotas y el azul del mar, es absolutamente deliciosa para los que no tenemos el privilegio diario de su compañía.

En el sendero hacia el Cap Prim se destapan las flores de las malvas, las del romero, un abejorro se pone morado con ellas y entretenido como está se deja fotografiar sin reparo. Vemos mariposas, las primeras de este año, blancas, amarillas y naranjas con motas, y una libélula bastante grande. En esta tierra ya ha comenzado la explosión de colores y bichitos zumbones al mismo son.
Sentada en mi sitio preferido, al borde del acantilado, dominando el horizonte con mis brazos, con la isla de Portixol al frente enmarañada de gaviotas chillonas, me gusta sentir el viento enlazado a los rayos del sol, los dos se agolpan sobre mi cuerpo y consiguen su efecto, me hacen inmensa y me llenan de paz.

Abajo, en el acantilado se ven unos pescadores, para ellos hoy es un día más de faena, para mi un regalo de la mami naturaleza. Gracias.

domingo, 3 de marzo de 2013

La nieve entierra la montaña

Volvimos a intentar la ruta de los Neveros, esta vez un día con sol, sin niebla, inundado de nieve, como nunca habíamos visto, ni habíamos pisado.
Dejamos la valla del Palacio de la Granja y subimos por el pinar, donde los árboles de pequeño tamaño, habían dejado de ser árboles, para convertirse en estatuas de nieve de diferentes formas. De pronto, los árboles grandes empezaron a jugar con nosotros a la guerra, bombardeándonos con nieve polvo, disparada desde los cañones de sus copas, por todos lados caían proyectiles de polvo blanco a nuestro paso y algunas veces, con un poco de suerte, acertaban y notabas el impacto del bolazo en el cuerpo, un juego de niños convertidos en árboles.
 
La nieve era tan blanda y abundante que imaginábamos caminar sobre una tarta de merengue gigantesca, en algunas zonas parecía que la nieve nos iba a engullir, como ya había hecho con parte del paisaje, dunas de hielo en un desierto blanco y frio. La nieve esta vez lo domina todo y su poder se extiende en el horizonte.

Al salir del pinar, hacia el collado de los Neveros, nos ciega el reflejo de los claveles de Peñalara y más allá, a su derecha divisamos la cuerda larga, y a la izquierda la Pinareja y el montón de trigo, todas las montañas están muy blancas, blanquísimas y relucientes. Es una maravilla estar aquí arriba, solos en la nieve, en esta inmensidad de cumbres blancas, bajo un sol radiante, que no cesa de reflejarse en ellas.

Seguimos subiendo hasta el final  y la nieve deja de ser merengue, para formar surcos de nieve helada, modelados por el viento, que aquí corretea a su libre albedrío.

Subimos por la cuerda, al pico más alto, la nieve ha tapado rocas, arbustos y todo lo que encuentra a su paso, desde la cumbre, miramos el horizonte que  parece un mar de nieve picado, pero aquí el oleaje se transforma en estatua de sal, formando un mar estático a nuestros ojos.

En la bajada aparecen nuestros amigos los buitres, son dos parejas, vuelan bajo y parece que nos gritan algo, esta vez si terminamos la ruta y estamos contentos,  el esfuerzo tuvo su recompensa.