Volvimos a intentar la ruta de los Neveros, esta vez un día con sol, sin niebla, inundado de nieve, como nunca habíamos visto, ni habíamos pisado.
Dejamos la valla del Palacio de la Granja y subimos por el pinar, donde los árboles de pequeño tamaño, habían dejado de ser árboles, para convertirse en estatuas de nieve de diferentes formas. De pronto, los árboles grandes empezaron a jugar con nosotros a la guerra, bombardeándonos con nieve polvo, disparada desde los cañones de sus copas, por todos lados caían proyectiles de polvo blanco a nuestro paso y algunas veces, con un poco de suerte, acertaban y notabas el impacto del bolazo en el cuerpo, un juego de niños convertidos en árboles.
La nieve era tan blanda y abundante que imaginábamos caminar sobre una tarta de merengue gigantesca, en algunas zonas parecía que la nieve nos iba a engullir, como ya había hecho con parte del paisaje, dunas de hielo en un desierto blanco y frio. La nieve esta vez lo domina todo y su poder se extiende en el horizonte.
Al salir del pinar, hacia el collado de los Neveros, nos ciega el reflejo de los claveles de Peñalara y más allá, a su derecha divisamos la cuerda larga, y a la izquierda la Pinareja y el montón de trigo, todas las montañas están muy blancas, blanquísimas y relucientes. Es una maravilla estar aquí arriba, solos en la nieve, en esta inmensidad de cumbres blancas, bajo un sol radiante, que no cesa de reflejarse en ellas.
Seguimos subiendo hasta el final y la nieve deja de ser merengue, para formar surcos de nieve helada, modelados por el viento, que aquí corretea a su libre albedrío.
Subimos por la cuerda, al pico más alto, la nieve ha tapado rocas, arbustos y todo lo que encuentra a su paso, desde la cumbre, miramos el horizonte que parece un mar de nieve picado, pero aquí el oleaje se transforma en estatua de sal, formando un mar estático a nuestros ojos.
En la bajada aparecen nuestros amigos los buitres, son dos parejas, vuelan bajo y parece que nos gritan algo, esta vez si terminamos la ruta y estamos contentos, el esfuerzo tuvo su recompensa.