lunes, 25 de febrero de 2013

La Pedriza, el laberinto mágico


Un día frío con sol pero se atisban nubes grises que nos miran desde el Yelmo, desde aquí este, parece una gran joroba asomando entre las moles de piedra. Subimos por el camino, con el día frio casi no encontramos gente, llegamos a la explanada donde se encuentra muy cerca la cueva grande, creo que le llaman del Ave María, hasta aquí todo bien, Mercedes tiene que andar despacio, y hoy hemos decidido hacer una marcha tranquila. Hacemos un descanso contemplando los buitres que nos pasan a una distancia sospechosamente corta.

Pero no somos así, en seguida nos invade la magia del laberinto que provoca el lugar, nos salen los niños que llevamos dentro y nos piden a gritos que trepemos, y trepemos, de roca en roca, de jara en jara, y así iniciamos nuestra aventura de vuelta que pasa por transgredir el sendero convencional y lanzarnos campo a través, en busca del pueblo. Empieza a nevar, una nieve finísima que acaricia y no moja, enturbiando el paisaje de mole de piedra.
 
Caminamos como podemos por sendas animales, atravesando un mar de jaras, bordeando los pedruscos para poder avanzar, llegamos a paredes imposibles que nos hacen darnos la vuelta. Doy un salto en una piedra para ver el horizonte y me sale una docena de cabras despavoridas, las llamo les hago fotos.

Aparece un chico en la selva de jaras y nos dice que es imposible bajar por allí,  tenemos que subir y dar un rodeo, subimos trepamos y encontramos otra cueva, el sitio perfecto para comer. Allí encontramos más cabras pasando de puntillas por las rocas inmensas. En esta parte las vistas impresionan, sigue nevando, pero sigue siendo caricia, no molesta.

La bajada hasta el rio es increíble, seguimos saltando y trepando, atravesando jaras y algún espino, ya en el llano nos damos la vuelta para localizar la cueva donde comimos, pero a medida que avanzamos el laberinto de piedras se cierra sobre nosotros borrando todas las pistas, solo apreciamos el coloso de rocas frente a nosotros.

Salimos del laberinto pero volveremos a entrar, seguramente otro día

Con mi cabra haciendo el idem

Las 9 y veinte de la mañana, cerca de Colmenar a un grado bajo cero, corríamos con las bicis por la dehesa,  pasando los puentes colgantes por encima del río, las vaquitas bravas, las encinas, todo visto como una maqueta algo grande.
Una sensación de libertad total me invade y me emociona..... pero entonces mis manos me traicionan y empiezan a congelarse. Atravesamos la vía cargando las bicis y allí pierdo las manos y solo quedo con un dolor intenso,  paralizante, hago grandes esfuerzos para no gritar, ni llorar, el dolor es muy fuerte, hasta que por fín desaparece. Ahora las tengo rojas, quemadas por el frío
 
La bajada por la carretera de hoyo, trazando suavemente con la bici la silueta de sus curvas, resultó adrenalizante. Después nos adentramos en un sendero que sigue el cauce del río Manzanares, con la orilla pintada de verde brillante y piedras de granito que provocaban nuestra imaginación. Trepamos varias veces con la bici a cuestas y en una trepada pierdo una rueda.
 
Al ser un día  muy azul y muy frío, las montañas empachadas de nieve se agrandan y parecen alpinas, nos detenemos a contemplarlas, nos saludan varios buitres que están intentando coger altura para perderse en el azul intenso, ¡ quien pudiera ir a volar con ellos¡¡. Se empiezan a oir pajarillos y algunas yemas  de los árboles, muy tímidas, se asoman a nuestro paso, la primavera esta llamando a la puerta.
 
Como soy novata,  mi camino no está exento de calamidades con las marchas, dedo pulgar, píñón, plato pequeño, dedo indice piñón, plato mediano, si miro me caigo,ya  no sé que marcha llevo, estoy en medio de la cuesta...me quedo clavada en ella...., y mientras tanto Joaquín se ha convertido en una hormiga en bicicleta,  allá en el horizonte.
 
Tengo que prácticar más, el viaje merece la pena

martes, 19 de febrero de 2013

Buscando el Pico del Nevero

Ya llevo mucha nieve en el cuerpo este año, me he hundido, enterrado, empapado, agarré de la mano 2 muñecos de nieve, y las raquetas ya se instalan en mis pies como un guante, hasta puedo bailar un vals con ellas.

Pero si tengo que destacar algo de la subida al pico del nevero, fueron las formas caprichosas que la nieve helada había creado allá por donde pasaba, depositándose y esculpiendo caprichosamente todo a su alrededor.
Los pinos no eran pinos, tenían un plumaje de indios, como plumas de avestruz rígidas, todas ellas  mirando en una misma dirección, también cubrían esas plumas todo el terreno que pisábamos.
 Las rocas y los hitos adornados con blanquísimos dientes afilados y plumas y más plumas, dándoles formas muy curiosas. Todo brillaba, como si fuera marmol,  por la luz del sol, y tal era su reflejo, que el sol aparecía en el cielo rodeado de un halo gigante, como otro tipo de arco iris, otro capricho de la luz, que aliada con la nieve, también jugaba a ser artista.

Y el sonido del silencio, en la inmensidad de cumbres blancas de Peñalara y la Cuerda Larga, solamente roto con el ruido de la nieve derritiéndose. Obras efímeras que solo quedaran en nuestra mente y en alguna foto para delatar que estuvimos allí.

martes, 12 de febrero de 2013

Un finde blanco con raquetas y crampones

Ya el viernes llegamos como pudimos a Acebedo, un pueblo leonés donde la nieve cubría los coches por completo, lo vimos en directo, como en las noticias de la tele. En la casa rural no se creían que pudieramos aparecer y menos aún que el sábado subieramos la Cruz del Mampodre, pues la nevada era inmensa, pero merecio la pena, ¡ Qué día de sol para contemplar todo Picos de Europa, ¡ Qué placer estar allí ¡Te sientes una pequeña gran personita en medio de tal inmensidad de cumbres blancas que la sensación de paz y alegría que sientes son inmensas

Durante este finde pusimos cadenas, empujamos la furgo varias veces, y quitamos el hielo con nuestros piolet. Casi siempre nos desplazamos con las raquetas, que ya formaban parte de nuestros pies, cruzamos rios con la nieve derrumbándose a nuestro paso, era imposible hacerlo de otro modo, pues si no, la nieve nos llegaría por la cintura. En las cumbres debido a la pendiente echábamos mano de crampones y piolet,

Al día siguiente a Riaño, allí nos esperaba de punta en blanco, las cumbres mirándose en el embalse medio helado y envueltas en nubes amenazantes de nuevas nevadas. Queríamos subir el pico Gilbo, bordeamos el lago y conseguimos subir al collado por un hayedo semienterado en nieve, igual que nos semienterrabamos también nosotros. Atravesamos la maraña de ramas blancas entre hayas de distintas edades, las abuelas destacaban de forma espectacular con sus troncos con formas extrañas, fue entrañable estar allí en tan buena y grata compañía, vuelves un poco a tu niñez, ¿ ¿Por qué las hayas te producen ese efecto de dicha infantil?, ¿Será esa su magia, será que realmente te metes en un cuento?.

Al final ganaron las nubes, empezó a nevar y avanzábamos muy lentos, el pico Gilbo tendrá que esperar.

Lo impresionante de este viaje para mi fue caminar en el silencio blanco, solo apenas al terminar la ruta vimos unos buitres perezosos que salían a buscar la corriente de aire que les llevara muy alto hasta perderse en el cielo. Entonces pensé que también nosotros estuvimos perdidos en algún lugar del cielo este fin de semana y ahora nos toca volver a la realidad, mañana es lunes.

viernes, 8 de febrero de 2013

Con las Raquetas puestas

Paseando alrededor del pico del nevero apenas 5 personas, las que nos atrevimos con la lluvia, hasta los árboles se retorcían para mirarnos ¿Dónde van esos locos...? Locos de remate,  pero merceció la pena, apenas 5 kms de caminata con nieve virgen, sin pisar solo para nosotros, a veces nos hundíamos por encima de la rodilla......risas de niños en cuerpos de adulto.

Y atravesamos el bosque nevado,  con los troncos destacados en relieve e iluminándose por encima de nuestras cabezas por la luz del sol,  que aún escondida jugaba con la nieve produciendo ese efecto.

Locos de remate,  pues en la mitad de la caminata empezó a llover, y no paró hasta dejarnos totalmente empapados.............y el coche no tenía calefacción, Madrid 85 kilómetros.... yo aún tiritaba en el metro, tiritaba y tiritaba hasta que alcance la ducha de agua caliente, muy caliente pero no me importaba, necesitaba que el agua resbalara por mi cuerpo descolorido, desteñido, para darle de nuevo su color.  Necesitaba repintarme otra vez