miércoles, 4 de marzo de 2015

El Desierto más salvaje

El lugar donde el ritmo  lo marca el sol y la luna, donde el día a día es sentirte vivo.
El desierto en movimiento, cambiante, nada monótono Todos dejamos nuestra huella en la arena delatora, nadie escapa de su paso por las dunas. Huellas grandes de pesados camellos, más finas del zorro, zigzagueantes de serpientes y decorativas como cenefa de pequeños escarabajos. Hasta que llega el viento y lo borra todo, como niño travieso. El viento nos ducha con una ducha de arena finísima.
El desierto es multicolor, si llueve  se llena de flores, moradas tapizando las montañas , y otras blancas más grandes tipo edelweis . Encontramos Tamarindos y Acacias a nuestro  paso. 
¡Qué regalo, nos trajo la lluvia!, dejó sus huellas en la arena como trozos gigantes de cobertura de chocolate,  crujientes bajo nuestros pies descalzos.
 Es curioso ver al escarabajo corriendo por la arena,  a tal velocidad en relación a su tamaño que superaría a un guepardo, mientras que los camellos con su paso y su porte parecen monumentos andantes en mitad del  desierto.

Escuchar el silencio del desierto,  un silencio hueco como de olla expres solo interrumpido por el viento  que modela las curvas de las dunas, dándoles un aspecto sensual. Caminamos por ellas, las subimos, las bajamos, hombres y camellos a paso firme y sereno, cantando al viento.


-          Hauden nabi iala iana….
-          Hauden nabi baba ngodo…..
Y llega la puesta del sol, nos sentamos en las dunas para despedirle y  damos gracias por el día Después un bereber nos hace pan en la hoguera. El fuego donde reímos, bailamos y cantamos con los bereberes tocando los yembes.
A cierta altura de la noche la luna me mira con su carta naranja, ladeada me guiña un ojo antes de desaparecer tras la duna, dejando la noche oscura dando paso al baile de estrellas, miles, brillantes, tapizando el cielo. Moviéndose delante de mis ojos como un desfile, Casiopea, osa mayor, dragón…
Y amanece en el horizonte,  se inicia con  un punto rojo intenso, que se extiende de color más anaranjado hasta que el astro dorado se deja ver, la luna permanece impasible frente a él. Bereberes y camellos inician su faena.
Vemos nacer un nuevo día, que nos eleva y nos provoca cantarle al sol un pequeño mantra  en agradecimiento.
----Ong namo guru dev namo      Guru Dev Gur Dev Namo/ Guru Dev Guru Dev Nam
La magia del desierto  te hace desaparecer  para dejar paso a tu yo,  que emocionado se asoma por el balcón de tu cuerpo. Para sentir  que somos todos uno.Bereberes y turistas en el desierto compartiendo la vida en su más pura expresión.  En solidaridad continua, donde todo se comparte, nadie es nadie, seres  iguales, unidos.
Somos una caravana de camellos y hombres caminando de la mano con una canción de paz.

lunes, 18 de agosto de 2014

Caminando por el río Alberche

Salimos de noche de Madrid, se nota fresco, es un verano fresquito. El punto de partida Aldea del fresno, 8 de la mañana…..bañadores y zapatillas de agua, un palo.

¡Dios qué frío hace¡

Miro al cielo buscando  el sol,  que recién levantado se despereza en el horizonte,  peleándose con una maraña de nubes que le están tapando su salida. La sensación de frío es mayor.
Nos acercamos al río Alberche, tenemos que entrar en él, vamos a remontarlo a favor de la corriente que no es grande. Me sorprende, es un río limpio, simpático, agradable, variado, amplio, con tanta vegetación en las orillas que quedan desdibujadas, dándole un aspecto selvático.


Un día de aventura explorando el rio, solos, metiéndonos en sus aguas heladas transparentes. La primera sensación es de hielo pero ya no hay marcha atrás iniciamos nuestra andadura. Al principio el fondo son piedras llenas de verdín, después se va combinando con arena y alguna planta acuática.

En nuestro avance, el rio va cambiando de profundidad, en algunos tramos los pies dejan de tocar el fondo y tenemos que nadar en el agua helada que  nos corta la respiración a cada brazada que damos. La sensación agobia un poco, parece que no vamos a llegar al otro lado.

A veces en mitad del río encontramos isletas con troncos haciéndonos barricadas, cerrándonos el paso a traición, trepamos por los troncos verdosos resbaladizos venciendo todos los obstáculos. No sabemos si al otro lado nos espera una poza profunda o si el río baja de nivel, la aventura está asegurada a cada paso que damos.

Escuchar tan cerca de nosotros el aleteo de los patos salvajes saliendo en estampida de los juncos es tan delicioso, como contemplar su bello colorido.
Ya totalmente mojados vamos caminando por el agua, tiritando de frío, imposible parar.

-       “Mª Jesús ahógate o haz lo que quieras pero no nos detengas”….comentan a una rezagada.

El sol está atrapado por las nubes en un abrazo tan intenso que tarda dos horas en librarse de ellas para empezar a hacer efecto. Con los primeros rayos abrimos los brazos como los cormoranes abren las alas buscando el calor del sol.
Descansamos en una isla de arena fina y blanca, y nos calentamos un poco.
Parece Vietnam con el ruido de pájaros y los matorrales que nos impiden ver la orilla y las raíces de los arboles dentro del agua. Algún barbo de buen tamaño se pasea cerca de nosotros.

Ya en el último tramo el Alberche se llena de gente que acude los domingos a lo que llaman “la playa de Madrid”. La gente nos mira curiosa desde sus barbacoas en la orilla.
Anduvimos río abajo 8 kilómetros. En nuestro último tramo  el sol es una esfera poderosa que calienta como lo hace en un mes de agosto. Ahora si se agradece el contacto del agua y sentimos que termine nuestra aventura acuática.

Madrid 18 de agosto de 2014


jueves, 27 de marzo de 2014

Domingo helado


Subíamos un domingo con 5 grados bajo cero, recién estrenada la primavera y un viento frío que te helaba los huesos. Iniciamos la subida por el pinar, hacia la fuente de las campanillas.

Cerca del collado, un viento feroz y una niebla densa nos dieron la bienvenida .

Delante de nuestros ojos, los árboles de la montaña iban encaneciendo con el paso de la nube helada, dejando un paisaje de fantasía. Como navidad en primavera, un choque de contrastes. Algo insólito, único y fugaz.

Y el sol todopoderoso, a mediodía lo repintó todo de verde otra vez.

Quedan nuestras fotos y nuestra memoria


Marzo 2014 subiendo la maliciosa

lunes, 17 de febrero de 2014

Caminando por los Wadis de Jordania

Un viaje alucinante, un remanso de paz....sorprende el sonido del silencio por esos valles desérticos.
En el camino nos encontramos con algunas familias de beduinos nómadas con sus cabrillas que nos ofrecen té en su tienda, con una sonrisa, con sus hijos descalzos y sucios en mitad de la nada. No tienen juguetes,  ni casi comida, ni agua, pero tienen un cielo de estrellas “flipante”, y la libertad de vivir en la naturaleza en su estado puro...


Otra historia y otro mundo, tan cerca y tan lejos. Algo para reflexionar y aprender.


Seguimos avanzando, trepamos por grutas de roca pintadas de colores. Lluvia fuerte que no filtra en el suelo y se vuelve torrencial y te arrastra y te llena de barro.
 Frío y lluvia. Sol y viento. Algún pajarillo blanco y negro. Plantas carnosas, verdes, venenosas con un bulbo blanco, van tapizando el camino, tan venenosas que ni las cabras se atreven con ellas.
Ríos secos que en unas horas se llenan de agua para canalizar la intensa lluvia. Silencio, soledad. Tierra dura, arenosa, moles de piedra sudando arena de colores suaves que esparcen por el suelo formando playas entre montañas.
Caminamos por montañas y valles  hasta llegar a Petra por la parte más alta. Nos damos de bruces con los tenderetes de atractivos beduinos de ojos pintados, vestidos de negro, algunos montan caballos engalanados. Hay niños con burros y algún camello.
Son los príncipes de los reinos de arena, los aladinos de las cuevas de mil colores.
Ellos nos venden un cuento a caballo, mientras sus mujeres enlutadas y sus chiquillos venden “souvenirs” envueltos en polvo arcilloso. ¡Tres piedras un dinar¡
Es su medio de vida para atraer cada día  la riada de turistas que acuden boquiabiertos a la ciudad de arena para soñar ser Indiana Jones. Ese paraíso que la naturaleza modeló caprichosamente, que es la tierra de cuento que habitan.

Petra, fin de año 2013.


martes, 21 de mayo de 2013

Saboreando los colores de la primavera

Subiendo a la Almenara, un pico pequeño al final de la sierra de Guadarrama, con una pedrera en la cima y un final aventurero con un poco de trepada suave. El día amenaza lluvia pero no importa, ¡estamos envueltos en tanto color ¡

Desde el inicio el camino es una alfombra verde, gigantesca, plagada de flores tapizándolo todo, la capa es alta, densa, muy húmeda, tan densa que esconde, las piedras, las ramas, las caquitas de vaca y nos hace andar por ella con mil ojos para no resbalar. El campo se exhibe orgulloso con su traje de mil colores, este año más orgulloso que nunca.

Impresiona el gran desfile floral, margaritas, amapolas, dientes de león, estilizados gamones apuntando al cielo, florecillas desconocidas, amarillas, moradas, rosas. Las flores de los arbustos las blancas de la Jara y las amarillas de la Retama.

Pero hoy nos encontramos con la mejor de las sorpresas, ¡ han florecido las peonias ¡ esas flores rosa fucsia enormes, tan atractivas como efímeras.

Un conejito marrón, aparece en el camino, nos ve llegando,  se para, se levanta un poco sobre sus patas traseras para cotillear  y se tira de cabeza en las margaritas para esconderse de nosotros
En la última parte de subida a la Almenara escalamos un poco para alcanzar la cima y disfrutar de las vistas.

A lo lejos, cargadas de nieve se divisan la Bola del Mundo y la Maliciosa.

Al bajar empieza a caer un granizo fino que no moja ni molesta, nos dirigimos al otro pico el  Almojón .Esta vez no hay camino,  lo vamos haciendo nosotros al andar, la hierba y las flores nos sobrepasan la rodilla, esta resbaloso y las piedras de granito a veces no se ven escondidas en la maraña de color. Desde la pedrera de la cumbre vemos bajar brincando  toda una familia entera de cabras, asustadas por nuestra presencia.

Un pinzón nos recibe cantando sin parar a nuestro paso, su canto potente, sus vivos colores y cercanía nos hacen parar para contemplarlo


En nuestra caminata de hoy  parece que estuviéramos dentro de una película de dibujos animados,  atravesando un jardín multicolor, entre moles de granito rodeados de flores,  de trinos de pájaros y sorteando vaquitas blancas y negras. 

¡Qué día tan feliz de primavera ¡

martes, 14 de mayo de 2013

UN POCO DE BUCEO en CUBA

No hace excesivo calor en la barcaza, nos dan las gafas y las aletas, me cuesta encontrar unas de mi tamaño. Nos vamos aproximando lentamente  a la barrera de coral, una especie de roca se levanta en medio del agua,  no estamos lejos de la costa, no cubre demasiado, unos  2 metros y medio aproximadamente, y  no se ven delfines en el horizonte, si no, no me tiro ni loca, Stephen Spielberg  ya traumatizó mi adolescencia con la película de Tiburón y  desde entonces hay un antes y un después en mi relación con el mar, especialmente en aguas oscuras y desconocidas.
Afortunadamente este no era el caso,  eran las aguas del Atlántico Cubano, y   yo estaba tranquila y dispuesta a bucear en esas aguas atlánticas verde esmeralda.
Salto del barco con mis aletas y las gafas, el agua no impresiona, está en su punto, ni fría ni caliente. Rápidamente me sorprendo del cambio de medio, del impresionante  mundo inapreciable desde la superficie, del que empiezo a formar parte y orgullosamente protagonizo, por mi tamaño en relación con ese interior.
Ya desde el inicio me topo con un montón de peces idénticos, gemelísimos , amarillos de rayas negras, típicos de los acuarios, hay muchísimos, se mueven por todos lados, intento tocarlos pues se mueven lentamente,  pero no es posible, se escapan de mis manos con demasiada facilidad.   Me gustaría jugar con ellos.




Son tan gregarios que parecen las ovejas del mar, de entre todos ellos a veces se divisan otras especies, así puedo ver otro todo amarillo que solitario intenta buscar algo dentro de un coral anaranjado, hay otros marrones aplastados que van de dos en dos. Avanzo, y  lo único que suena en este escenario es mi respiración, como si estuviera conectada a un respirador artificial, ¿me oirán los peces? A mí me resulta monstruoso.
 Sumergida en el agua, tras la inmersión llega un momento que tienes la sensación que el agua no moja, te envuelve sin crearte  esa sensación. Parece que estás suspendida en un medio más denso que el aire y todo lo demás es silencio y vaivén alrededor de ese silencio, como una película de cine mudo, llena de paz y sosiego. Todo es armonía allí abajo.
Con las aletas logro velocidad y llego a una zona llena de corales de distintas formas, amarillos y marrones, unos con forma de árbol y otros redondos con surcos,  como cerebros gigantes posados en el fondo del mar y arropados por plantas formando abanicos que se mueven lentamente,  con el vaivén que lo envuelve todo.  Abanicos  morados y mostaza.
En la arena del fondo descubro contenta  una estrella de mar, es de un tono más rojizo, intento acercarme a ella lo más que puedo, no quiero tocarla, para mí es como un ser sagrado allá abajo, y me alegro de encontrarla pues me auguro buena  suerte.
La inmersión me relaja, me fascina, como un niño que con la nariz pegada al cristal de un acuario sueña que está dentro de él, solo que esta vez es real, estuve dentro de un acuario infinito y lo disfrute, lo disfrute mucho. 

miércoles, 17 de abril de 2013

El diablo en el volcán

En mitad del desierto  de Danakil hay un volcán en erupción, es el volcán Erta ale (montaña que humea) desconocido por medio mundo, y se encuentra en la depresión de Afar que está por debajo del nivel del mar.
Para llegar hasta él, nos adentramos en el corazón caliente de Danakil, uno de los puntos más cálidos de nuestro planeta.
La subida es una montaña de lava gigantesca petrificada, en formas de boñigas de vaca gigantes. Subimos de noche con luna llena y con 3 litros de agua caliente para repostar el cuerpo.
Un reflejo rojo nos anuncia la presencia del cráter, seguimos trepando  hasta llegar a la cima y asombrados nos topamos  con una boca  de fuego enorme que se abre y se cierra rítmicamente, escupiendo lava en todas direcciones. Es un espectáculo grandioso y sobrecogedor.
Siento que los ojos se me salen de las órbitas, siento el reflejo de las sacudidas de lava en ellos. Pero, curiosamente  el ruido no es estruendoso, no hay choque de piedras, la lava salta y se lanza al otro lado del cráter como mercurio denso, y su sonido es  como de chapapote pesado intentando alzarse al cielo con la mayor fuerza posible. Una fuerza que viene de dentro de la montaña,  algo empuja en el interior de forma intermitente, con cierto ritmo que te engancha y anima deseando que cada vez empuje más fuerte que la lava en el próximo envite  salte por encima del borde del cráter, como las olas cuando rompen en el acantilado y esperas la gran ola, que lo moje todo. Aquí esperas la inundación de la gran ola de lava.


Cuando sopla el viento el olor del azufre nos invade, resultando insoportables  y tenemos que taparnos para no vomitar.
El movimiento es continuo, la lava se agita y se levanta con distinta intensidad, según el impulso. A veces  parecen fuegos artificiales, escupiendo pequeñas partículas luminosas, pero hay momentos que la boca se enfurece y  estrepitosamente sobresale de ella  una  forma de cuerpo satánico que impresiona por su fuerza y su poder.
Vemos entonces  aparecer el  diablo de fuego que vive  dentro del volcán, capaz de devorarlo todo en un momento. Nos hace sentir insignificantes y manipulables por una naturaleza salvaje y descontrolada, estamos a merced de su capricho.
Pero te engancha, no puedes dejar de mirar ese cráter y en el fondo deseas que se enfade más y más, hasta que lo cubra todo y así tener tu espectáculo único, tu gran aventura que contar.
Dormimos allí arriba al raso, entre dos luces,  la de una Luna casi llena que nos mira con ternura  de madre protectora y la del reflejo rojizo del volcán por cabecero de cama.
Volcán y Luna juntos, acunando nuestro sueño en el desierto de Danakil.