martes, 21 de mayo de 2013

Saboreando los colores de la primavera

Subiendo a la Almenara, un pico pequeño al final de la sierra de Guadarrama, con una pedrera en la cima y un final aventurero con un poco de trepada suave. El día amenaza lluvia pero no importa, ¡estamos envueltos en tanto color ¡

Desde el inicio el camino es una alfombra verde, gigantesca, plagada de flores tapizándolo todo, la capa es alta, densa, muy húmeda, tan densa que esconde, las piedras, las ramas, las caquitas de vaca y nos hace andar por ella con mil ojos para no resbalar. El campo se exhibe orgulloso con su traje de mil colores, este año más orgulloso que nunca.

Impresiona el gran desfile floral, margaritas, amapolas, dientes de león, estilizados gamones apuntando al cielo, florecillas desconocidas, amarillas, moradas, rosas. Las flores de los arbustos las blancas de la Jara y las amarillas de la Retama.

Pero hoy nos encontramos con la mejor de las sorpresas, ¡ han florecido las peonias ¡ esas flores rosa fucsia enormes, tan atractivas como efímeras.

Un conejito marrón, aparece en el camino, nos ve llegando,  se para, se levanta un poco sobre sus patas traseras para cotillear  y se tira de cabeza en las margaritas para esconderse de nosotros
En la última parte de subida a la Almenara escalamos un poco para alcanzar la cima y disfrutar de las vistas.

A lo lejos, cargadas de nieve se divisan la Bola del Mundo y la Maliciosa.

Al bajar empieza a caer un granizo fino que no moja ni molesta, nos dirigimos al otro pico el  Almojón .Esta vez no hay camino,  lo vamos haciendo nosotros al andar, la hierba y las flores nos sobrepasan la rodilla, esta resbaloso y las piedras de granito a veces no se ven escondidas en la maraña de color. Desde la pedrera de la cumbre vemos bajar brincando  toda una familia entera de cabras, asustadas por nuestra presencia.

Un pinzón nos recibe cantando sin parar a nuestro paso, su canto potente, sus vivos colores y cercanía nos hacen parar para contemplarlo


En nuestra caminata de hoy  parece que estuviéramos dentro de una película de dibujos animados,  atravesando un jardín multicolor, entre moles de granito rodeados de flores,  de trinos de pájaros y sorteando vaquitas blancas y negras. 

¡Qué día tan feliz de primavera ¡

martes, 14 de mayo de 2013

UN POCO DE BUCEO en CUBA

No hace excesivo calor en la barcaza, nos dan las gafas y las aletas, me cuesta encontrar unas de mi tamaño. Nos vamos aproximando lentamente  a la barrera de coral, una especie de roca se levanta en medio del agua,  no estamos lejos de la costa, no cubre demasiado, unos  2 metros y medio aproximadamente, y  no se ven delfines en el horizonte, si no, no me tiro ni loca, Stephen Spielberg  ya traumatizó mi adolescencia con la película de Tiburón y  desde entonces hay un antes y un después en mi relación con el mar, especialmente en aguas oscuras y desconocidas.
Afortunadamente este no era el caso,  eran las aguas del Atlántico Cubano, y   yo estaba tranquila y dispuesta a bucear en esas aguas atlánticas verde esmeralda.
Salto del barco con mis aletas y las gafas, el agua no impresiona, está en su punto, ni fría ni caliente. Rápidamente me sorprendo del cambio de medio, del impresionante  mundo inapreciable desde la superficie, del que empiezo a formar parte y orgullosamente protagonizo, por mi tamaño en relación con ese interior.
Ya desde el inicio me topo con un montón de peces idénticos, gemelísimos , amarillos de rayas negras, típicos de los acuarios, hay muchísimos, se mueven por todos lados, intento tocarlos pues se mueven lentamente,  pero no es posible, se escapan de mis manos con demasiada facilidad.   Me gustaría jugar con ellos.




Son tan gregarios que parecen las ovejas del mar, de entre todos ellos a veces se divisan otras especies, así puedo ver otro todo amarillo que solitario intenta buscar algo dentro de un coral anaranjado, hay otros marrones aplastados que van de dos en dos. Avanzo, y  lo único que suena en este escenario es mi respiración, como si estuviera conectada a un respirador artificial, ¿me oirán los peces? A mí me resulta monstruoso.
 Sumergida en el agua, tras la inmersión llega un momento que tienes la sensación que el agua no moja, te envuelve sin crearte  esa sensación. Parece que estás suspendida en un medio más denso que el aire y todo lo demás es silencio y vaivén alrededor de ese silencio, como una película de cine mudo, llena de paz y sosiego. Todo es armonía allí abajo.
Con las aletas logro velocidad y llego a una zona llena de corales de distintas formas, amarillos y marrones, unos con forma de árbol y otros redondos con surcos,  como cerebros gigantes posados en el fondo del mar y arropados por plantas formando abanicos que se mueven lentamente,  con el vaivén que lo envuelve todo.  Abanicos  morados y mostaza.
En la arena del fondo descubro contenta  una estrella de mar, es de un tono más rojizo, intento acercarme a ella lo más que puedo, no quiero tocarla, para mí es como un ser sagrado allá abajo, y me alegro de encontrarla pues me auguro buena  suerte.
La inmersión me relaja, me fascina, como un niño que con la nariz pegada al cristal de un acuario sueña que está dentro de él, solo que esta vez es real, estuve dentro de un acuario infinito y lo disfrute, lo disfrute mucho. 

miércoles, 17 de abril de 2013

El diablo en el volcán

En mitad del desierto  de Danakil hay un volcán en erupción, es el volcán Erta ale (montaña que humea) desconocido por medio mundo, y se encuentra en la depresión de Afar que está por debajo del nivel del mar.
Para llegar hasta él, nos adentramos en el corazón caliente de Danakil, uno de los puntos más cálidos de nuestro planeta.
La subida es una montaña de lava gigantesca petrificada, en formas de boñigas de vaca gigantes. Subimos de noche con luna llena y con 3 litros de agua caliente para repostar el cuerpo.
Un reflejo rojo nos anuncia la presencia del cráter, seguimos trepando  hasta llegar a la cima y asombrados nos topamos  con una boca  de fuego enorme que se abre y se cierra rítmicamente, escupiendo lava en todas direcciones. Es un espectáculo grandioso y sobrecogedor.
Siento que los ojos se me salen de las órbitas, siento el reflejo de las sacudidas de lava en ellos. Pero, curiosamente  el ruido no es estruendoso, no hay choque de piedras, la lava salta y se lanza al otro lado del cráter como mercurio denso, y su sonido es  como de chapapote pesado intentando alzarse al cielo con la mayor fuerza posible. Una fuerza que viene de dentro de la montaña,  algo empuja en el interior de forma intermitente, con cierto ritmo que te engancha y anima deseando que cada vez empuje más fuerte que la lava en el próximo envite  salte por encima del borde del cráter, como las olas cuando rompen en el acantilado y esperas la gran ola, que lo moje todo. Aquí esperas la inundación de la gran ola de lava.


Cuando sopla el viento el olor del azufre nos invade, resultando insoportables  y tenemos que taparnos para no vomitar.
El movimiento es continuo, la lava se agita y se levanta con distinta intensidad, según el impulso. A veces  parecen fuegos artificiales, escupiendo pequeñas partículas luminosas, pero hay momentos que la boca se enfurece y  estrepitosamente sobresale de ella  una  forma de cuerpo satánico que impresiona por su fuerza y su poder.
Vemos entonces  aparecer el  diablo de fuego que vive  dentro del volcán, capaz de devorarlo todo en un momento. Nos hace sentir insignificantes y manipulables por una naturaleza salvaje y descontrolada, estamos a merced de su capricho.
Pero te engancha, no puedes dejar de mirar ese cráter y en el fondo deseas que se enfade más y más, hasta que lo cubra todo y así tener tu espectáculo único, tu gran aventura que contar.
Dormimos allí arriba al raso, entre dos luces,  la de una Luna casi llena que nos mira con ternura  de madre protectora y la del reflejo rojizo del volcán por cabecero de cama.
Volcán y Luna juntos, acunando nuestro sueño en el desierto de Danakil.

Danakil donde el agua no quita la sed

Entramos en el Desierto de Danakil, Etiopía la sabana se va transformando en piedra sin apenas vegetación,  y después la piedra se va transformando en lava, extendiéndose como  un mar.
Sorprendentemente si hay agua en el desierto, bastante, subterránea. Donde menos te lo esperas  surge un rio, que medio ahogado por la arena  se convierte en  un lodazal gigante capaz de engullirte, donde los coches quedan atrapados al intentar cruzarlo.
Para salir de allí, vamos en  búsqueda de otra ruta alternativa, con la ayuda  de un guía del pueblo  Afar que habita estos territorios.
Chocitas de palos, chocitas de piedra, chocitas de barro….construidas en la nada ardiente.
Gente dura y resistente, en medio de un calor sofocante. Niños que  surgen del polvo, de las piedras, de la lava. Se acercan corriendo a nuestro paso, nos piden nuestras botellas de plástico, es el mejor regalo.

Las mujeres tapadas no nos dejan ver su rostro, se ocultan al vernos, ellas son las recolectoras de agua, ese agua del  barro que filtran para beber.
Estamos a 38 grados dentro del coche,  el agua está caliente como de ducha, pero no podemos dejar de beberla, hace calor y no sabemos cuándo vamos a salir de ese desierto, estamos dando rodeos para esquivar el barro, el horizonte es  polvo  infinito que se nos hace interminable.
La sensación es nueva, el agua caliente que entra  en tu cuerpo  no circula por tus circuitos saciadores de sed , y parece como si volviera a salir por un agujero gigante en tu estómago, así el efecto es nulo, no calma, no sacia, pero es peor no tener ese liquido caliente.
Ahora ya conozco la verdadera sed , la sed insaciable, donde el agua sólo te  empapucha el cuerpo y te libera de todos tus electrolitos y con ellos de tu fuerza.
Cuando ya anochecido conseguimos llegar a un poblado,  nos ofrecen unas cocacolas  sanadoras un poco frescas, me bebo tres seguidas. ¡Es la mejor cocacola del mundo!.

lunes, 15 de abril de 2013

Caminando frente a Peñalara


Calor en la subida al puerto del Reventón, calor de junio con nieve de febrero en cantidades suficientes para enterrarte hasta la rodilla en algunos tramos.

La subida es un jolgorio de pájaros cantando alocadamente para celebrar el segundo día de sol, después de tantos grises y flirtear un poco.

Durante casi toda la caminata no perdemos de vista Peñalara, montaña de porte colosal, que vestida de nieve impresiona, es inevitable dejar de mirarla, como una diosa poderosa que te atrae.
Delante, la cresta de los claveles le confiere un toque Alpino importante, como si estuvieramos en otro lugar


Se divisan pequeños aludes en las cornisas de la sierra pero somos obedientes y vamos por sendero.

Pasando por el Pico Flecha continuamos bajado una ladera con nieve blanda y sin estrenar, toda para nosotros, nieve que nos llega hasta la rodilla, y bajamos saltando y riendo como locos hasta llegar al Puerto de las Calderuelas, donde comemos en la hierba, tumbados al sol frente al imán de Peñalara.

Divisamos el cauce de un río y nos sorprende el corte en el terreno que dibuja la nieve acumulada al bajar por la ladera de la montaña y que al llegar al rio empieza a crear formas y grietas dando un aspecto glaciar. Bajamos para investigarlo y nos encontramos con  un paisaje único, probablemente irrepetible.
Con cierto respeto intentamos aproximarnos a los surcos para hacernos la foto inmortal, un pequeño glaciar en la sierra madrileña, arte creado para nosotros por un capricho de la naturaleza, damos las gracias por este privilegio.

Nuestra caminata acaba en Rascafría, donde comenzamos, un pueblo con encanto y con una fábrica de chocolate donde dulcemente recuperamos nuestra energía.

Pedaleando el Cañón del Guadalix

En solo un día la primavera despierta y se traslada al mes de junio, abusando del calor. Nos pilla pedaleando el cañón del Guadalix, un espectáculo para nuestros sentidos, todo es de un verde intenso y fresco, mientras el espacio sonoro es invadido por el ruido de agua del río y los regatos, mezclado con una jungla de trinos de pájaros.

Recorremos el cañón por un camino minúsculo y zigzagueante, donde las piedras incrustadas en algunos tramos nos hacen saltar de los sillines y le dan un toque de aventura a nuestra ruta, sobre todo por el precipicio que tenemos a nuestra izquierda.

Nos topamos con nuestra primera sorpresa, una gran cascada doble, donde el agua baja con gran fuerza, refrescándolo todo.

Después de otro tramo llegamos a una presa grande, encontramos una poza con el agua totalmente desorbitada saliendo a borbotones que nos atrae desde la barandilla. Una lavandera cascadeña nos saluda desde abajo, ella es mucho más rápida que nosotros y salta de un lado a otro de la presa jugando con el agua.

En la excursión hacemos una circular y podemos contemplar con orgullo el cañón desde el otro lado del camino. Nuestro esfuerzo es recompensado con las vistas y un poco de buen queso.

Vemos media docena de abejarucos colgados en los cables de la luz como si fueran notas musicales naranjas y verdes, la combinación de colores es brutal.

De vuelta somos atraídos por un puente de madera salpicado de musgo, y nos paramos para despedirnos del rio. La luz va dejando la tarde y la orilla más oscura  nos mete en un cuento, es la hora mágica del cambio de luz, donde las aguas se vuelven negras y los árboles de la orilla con sus troncos flotantes adoptan formas y movimientos humanos, por encima sus ramas como largos brazos ,luchan por abrazarlo todo. Mezclándose con ellas, varios murciélagos vuelan en busca de algún mosquito que llevarse a la boca.

Nos quedamos un buen rato atrapados, contemplando el río, estamos esperando la salida de los duendes, o  ¿ seremos nosotros?

miércoles, 10 de abril de 2013

El paraguas de la ardilla

Nevó en el puerto de Carrales y nevó en el puerto del Escudo, por la noche y a la mañana siguiente. Cuando pasamos nosotros  la nieve lo tapizaba todo, como si fuera febrero, en esta primavera mentirosa disfrazada de invierno.

Bajando el puerto del Escudo, encontramos el  valle de Luena de un verde brillante y totalmente emborrachado de agua, ya no le cabe más, aparecen cascadas precipitándose desde lo alto en los sitios más insospechados. Tanta lluvia sin sol, durante tantos días, favorece el crecimiento de musgo en las piedras del borde del río y en los troncos de algunos árboles. Musgo verde brillante, como en los prados, como verdes serán las futuras hojas de los árboles aún pelados, por la pereza de la primavera en despertar. Curiosamente el prado está lleno de margaritas dándole un toque más cálido.

El río no calla, desde lejos se deja oír, es un río pequeño y simpático, como de cuento, 15 kilómetros de agua sobre piedras de formas redondeadas y diferentes tamaños, que ahora bucean como pueden entre la corriente.

La lluvia es muy tenue, casi no se nota, caminando hacia el río para ver la crecida provocada por tanta nieve, me llama la atención un movimiento naranja sobre una valla, una maraña inquieta de pelos me dificulta la imagen, me acerco muy muy lentamente y veo una ardilla comiendo con un tupé gigantesco de pelo naranja sobre su cabeza, ya lo entiendo, es su cola que hace de paraguas para amortiguar la lluvia, este año no se lo ha debido de quitar.


 

jueves, 21 de marzo de 2013

El placer de la bici

Pedalear, poner cara de velocidad en las cuestas arriba, y una sonrisa de oreja a oreja en las cuestas abajo, y un ¡¡¡yupi¡¡¡ me sale por la garganta, mientras voy surcando piedras, baches, arena y charcos de agua, algunos tan grandes que me llenan de chispitas de barro, ¡ Ahí viene otro ¡¡, no lo evito, me voy de lleno a él, atravieso su panza líquida. ¡ Un placer inmenso¡
Total, si solo tengo diez años.....

lunes, 11 de marzo de 2013

Un balcón de luz

Sorprende la luz del Mediterraneo y mucho más cuando en el resto del país la lluvia lo inunda todo, durante dias y dias y ni siquiera nos permite ver el sol. Eso fuimos a buscar el fin de semana, esa luz mediterranea,tan especial, olvidada durante el invierno, y que nos sorprende tan gratamente, en su encuentro y nos carga de su energía sanadora.

La caminata, pasando primero por la Cala Blanca, en esta época del año, en un día soleado, sin viento, sin gente, solo con el chillido de las gaviotas y el azul del mar, es absolutamente deliciosa para los que no tenemos el privilegio diario de su compañía.

En el sendero hacia el Cap Prim se destapan las flores de las malvas, las del romero, un abejorro se pone morado con ellas y entretenido como está se deja fotografiar sin reparo. Vemos mariposas, las primeras de este año, blancas, amarillas y naranjas con motas, y una libélula bastante grande. En esta tierra ya ha comenzado la explosión de colores y bichitos zumbones al mismo son.
Sentada en mi sitio preferido, al borde del acantilado, dominando el horizonte con mis brazos, con la isla de Portixol al frente enmarañada de gaviotas chillonas, me gusta sentir el viento enlazado a los rayos del sol, los dos se agolpan sobre mi cuerpo y consiguen su efecto, me hacen inmensa y me llenan de paz.

Abajo, en el acantilado se ven unos pescadores, para ellos hoy es un día más de faena, para mi un regalo de la mami naturaleza. Gracias.

domingo, 3 de marzo de 2013

La nieve entierra la montaña

Volvimos a intentar la ruta de los Neveros, esta vez un día con sol, sin niebla, inundado de nieve, como nunca habíamos visto, ni habíamos pisado.
Dejamos la valla del Palacio de la Granja y subimos por el pinar, donde los árboles de pequeño tamaño, habían dejado de ser árboles, para convertirse en estatuas de nieve de diferentes formas. De pronto, los árboles grandes empezaron a jugar con nosotros a la guerra, bombardeándonos con nieve polvo, disparada desde los cañones de sus copas, por todos lados caían proyectiles de polvo blanco a nuestro paso y algunas veces, con un poco de suerte, acertaban y notabas el impacto del bolazo en el cuerpo, un juego de niños convertidos en árboles.
 
La nieve era tan blanda y abundante que imaginábamos caminar sobre una tarta de merengue gigantesca, en algunas zonas parecía que la nieve nos iba a engullir, como ya había hecho con parte del paisaje, dunas de hielo en un desierto blanco y frio. La nieve esta vez lo domina todo y su poder se extiende en el horizonte.

Al salir del pinar, hacia el collado de los Neveros, nos ciega el reflejo de los claveles de Peñalara y más allá, a su derecha divisamos la cuerda larga, y a la izquierda la Pinareja y el montón de trigo, todas las montañas están muy blancas, blanquísimas y relucientes. Es una maravilla estar aquí arriba, solos en la nieve, en esta inmensidad de cumbres blancas, bajo un sol radiante, que no cesa de reflejarse en ellas.

Seguimos subiendo hasta el final  y la nieve deja de ser merengue, para formar surcos de nieve helada, modelados por el viento, que aquí corretea a su libre albedrío.

Subimos por la cuerda, al pico más alto, la nieve ha tapado rocas, arbustos y todo lo que encuentra a su paso, desde la cumbre, miramos el horizonte que  parece un mar de nieve picado, pero aquí el oleaje se transforma en estatua de sal, formando un mar estático a nuestros ojos.

En la bajada aparecen nuestros amigos los buitres, son dos parejas, vuelan bajo y parece que nos gritan algo, esta vez si terminamos la ruta y estamos contentos,  el esfuerzo tuvo su recompensa.

lunes, 25 de febrero de 2013

La Pedriza, el laberinto mágico


Un día frío con sol pero se atisban nubes grises que nos miran desde el Yelmo, desde aquí este, parece una gran joroba asomando entre las moles de piedra. Subimos por el camino, con el día frio casi no encontramos gente, llegamos a la explanada donde se encuentra muy cerca la cueva grande, creo que le llaman del Ave María, hasta aquí todo bien, Mercedes tiene que andar despacio, y hoy hemos decidido hacer una marcha tranquila. Hacemos un descanso contemplando los buitres que nos pasan a una distancia sospechosamente corta.

Pero no somos así, en seguida nos invade la magia del laberinto que provoca el lugar, nos salen los niños que llevamos dentro y nos piden a gritos que trepemos, y trepemos, de roca en roca, de jara en jara, y así iniciamos nuestra aventura de vuelta que pasa por transgredir el sendero convencional y lanzarnos campo a través, en busca del pueblo. Empieza a nevar, una nieve finísima que acaricia y no moja, enturbiando el paisaje de mole de piedra.
 
Caminamos como podemos por sendas animales, atravesando un mar de jaras, bordeando los pedruscos para poder avanzar, llegamos a paredes imposibles que nos hacen darnos la vuelta. Doy un salto en una piedra para ver el horizonte y me sale una docena de cabras despavoridas, las llamo les hago fotos.

Aparece un chico en la selva de jaras y nos dice que es imposible bajar por allí,  tenemos que subir y dar un rodeo, subimos trepamos y encontramos otra cueva, el sitio perfecto para comer. Allí encontramos más cabras pasando de puntillas por las rocas inmensas. En esta parte las vistas impresionan, sigue nevando, pero sigue siendo caricia, no molesta.

La bajada hasta el rio es increíble, seguimos saltando y trepando, atravesando jaras y algún espino, ya en el llano nos damos la vuelta para localizar la cueva donde comimos, pero a medida que avanzamos el laberinto de piedras se cierra sobre nosotros borrando todas las pistas, solo apreciamos el coloso de rocas frente a nosotros.

Salimos del laberinto pero volveremos a entrar, seguramente otro día

Con mi cabra haciendo el idem

Las 9 y veinte de la mañana, cerca de Colmenar a un grado bajo cero, corríamos con las bicis por la dehesa,  pasando los puentes colgantes por encima del río, las vaquitas bravas, las encinas, todo visto como una maqueta algo grande.
Una sensación de libertad total me invade y me emociona..... pero entonces mis manos me traicionan y empiezan a congelarse. Atravesamos la vía cargando las bicis y allí pierdo las manos y solo quedo con un dolor intenso,  paralizante, hago grandes esfuerzos para no gritar, ni llorar, el dolor es muy fuerte, hasta que por fín desaparece. Ahora las tengo rojas, quemadas por el frío
 
La bajada por la carretera de hoyo, trazando suavemente con la bici la silueta de sus curvas, resultó adrenalizante. Después nos adentramos en un sendero que sigue el cauce del río Manzanares, con la orilla pintada de verde brillante y piedras de granito que provocaban nuestra imaginación. Trepamos varias veces con la bici a cuestas y en una trepada pierdo una rueda.
 
Al ser un día  muy azul y muy frío, las montañas empachadas de nieve se agrandan y parecen alpinas, nos detenemos a contemplarlas, nos saludan varios buitres que están intentando coger altura para perderse en el azul intenso, ¡ quien pudiera ir a volar con ellos¡¡. Se empiezan a oir pajarillos y algunas yemas  de los árboles, muy tímidas, se asoman a nuestro paso, la primavera esta llamando a la puerta.
 
Como soy novata,  mi camino no está exento de calamidades con las marchas, dedo pulgar, píñón, plato pequeño, dedo indice piñón, plato mediano, si miro me caigo,ya  no sé que marcha llevo, estoy en medio de la cuesta...me quedo clavada en ella...., y mientras tanto Joaquín se ha convertido en una hormiga en bicicleta,  allá en el horizonte.
 
Tengo que prácticar más, el viaje merece la pena

martes, 19 de febrero de 2013

Buscando el Pico del Nevero

Ya llevo mucha nieve en el cuerpo este año, me he hundido, enterrado, empapado, agarré de la mano 2 muñecos de nieve, y las raquetas ya se instalan en mis pies como un guante, hasta puedo bailar un vals con ellas.

Pero si tengo que destacar algo de la subida al pico del nevero, fueron las formas caprichosas que la nieve helada había creado allá por donde pasaba, depositándose y esculpiendo caprichosamente todo a su alrededor.
Los pinos no eran pinos, tenían un plumaje de indios, como plumas de avestruz rígidas, todas ellas  mirando en una misma dirección, también cubrían esas plumas todo el terreno que pisábamos.
 Las rocas y los hitos adornados con blanquísimos dientes afilados y plumas y más plumas, dándoles formas muy curiosas. Todo brillaba, como si fuera marmol,  por la luz del sol, y tal era su reflejo, que el sol aparecía en el cielo rodeado de un halo gigante, como otro tipo de arco iris, otro capricho de la luz, que aliada con la nieve, también jugaba a ser artista.

Y el sonido del silencio, en la inmensidad de cumbres blancas de Peñalara y la Cuerda Larga, solamente roto con el ruido de la nieve derritiéndose. Obras efímeras que solo quedaran en nuestra mente y en alguna foto para delatar que estuvimos allí.

martes, 12 de febrero de 2013

Un finde blanco con raquetas y crampones

Ya el viernes llegamos como pudimos a Acebedo, un pueblo leonés donde la nieve cubría los coches por completo, lo vimos en directo, como en las noticias de la tele. En la casa rural no se creían que pudieramos aparecer y menos aún que el sábado subieramos la Cruz del Mampodre, pues la nevada era inmensa, pero merecio la pena, ¡ Qué día de sol para contemplar todo Picos de Europa, ¡ Qué placer estar allí ¡Te sientes una pequeña gran personita en medio de tal inmensidad de cumbres blancas que la sensación de paz y alegría que sientes son inmensas

Durante este finde pusimos cadenas, empujamos la furgo varias veces, y quitamos el hielo con nuestros piolet. Casi siempre nos desplazamos con las raquetas, que ya formaban parte de nuestros pies, cruzamos rios con la nieve derrumbándose a nuestro paso, era imposible hacerlo de otro modo, pues si no, la nieve nos llegaría por la cintura. En las cumbres debido a la pendiente echábamos mano de crampones y piolet,

Al día siguiente a Riaño, allí nos esperaba de punta en blanco, las cumbres mirándose en el embalse medio helado y envueltas en nubes amenazantes de nuevas nevadas. Queríamos subir el pico Gilbo, bordeamos el lago y conseguimos subir al collado por un hayedo semienterado en nieve, igual que nos semienterrabamos también nosotros. Atravesamos la maraña de ramas blancas entre hayas de distintas edades, las abuelas destacaban de forma espectacular con sus troncos con formas extrañas, fue entrañable estar allí en tan buena y grata compañía, vuelves un poco a tu niñez, ¿ ¿Por qué las hayas te producen ese efecto de dicha infantil?, ¿Será esa su magia, será que realmente te metes en un cuento?.

Al final ganaron las nubes, empezó a nevar y avanzábamos muy lentos, el pico Gilbo tendrá que esperar.

Lo impresionante de este viaje para mi fue caminar en el silencio blanco, solo apenas al terminar la ruta vimos unos buitres perezosos que salían a buscar la corriente de aire que les llevara muy alto hasta perderse en el cielo. Entonces pensé que también nosotros estuvimos perdidos en algún lugar del cielo este fin de semana y ahora nos toca volver a la realidad, mañana es lunes.

viernes, 8 de febrero de 2013

Con las Raquetas puestas

Paseando alrededor del pico del nevero apenas 5 personas, las que nos atrevimos con la lluvia, hasta los árboles se retorcían para mirarnos ¿Dónde van esos locos...? Locos de remate,  pero merceció la pena, apenas 5 kms de caminata con nieve virgen, sin pisar solo para nosotros, a veces nos hundíamos por encima de la rodilla......risas de niños en cuerpos de adulto.

Y atravesamos el bosque nevado,  con los troncos destacados en relieve e iluminándose por encima de nuestras cabezas por la luz del sol,  que aún escondida jugaba con la nieve produciendo ese efecto.

Locos de remate,  pues en la mitad de la caminata empezó a llover, y no paró hasta dejarnos totalmente empapados.............y el coche no tenía calefacción, Madrid 85 kilómetros.... yo aún tiritaba en el metro, tiritaba y tiritaba hasta que alcance la ducha de agua caliente, muy caliente pero no me importaba, necesitaba que el agua resbalara por mi cuerpo descolorido, desteñido, para darle de nuevo su color.  Necesitaba repintarme otra vez

miércoles, 30 de enero de 2013

Cara Norte de Peñalara

Qué pasote la cara norte de Peñalara ¡¡¡ , iniciamos la marcha en la Granja, ascendiendo por un pinar de donde tengo alguna foto típica otoñal con río, cuando de pronto, nos cambia el paisaje por completo a blanco y niebla, menos mal que pudimos comer en un refugio, donde estábamos todos como en el camarote de los hermanos Marxs...pero muy solidarios,  compartiendo distintos caldos calientes, fruta y chocolate, aquí ya estábamos como pollos.

Y después la gran subida,  con nieve y hielo por una pedrera gigante que se perdía en la niebla y no sabías cuando terminaba, a media pedrera paramos para ponernos los crampones, las manos heladas,no podía ni atarlos........duro, duro,  de esas veces que empiezas a  pensar, ¡ Dios mio ¡ quien me mandaría estar aquí....y la mente empieza a traicionarte porque subir una pedrera con crampones que te están rozando, con ventisca y los dedos de las manos congelados empieza a parecerte una situación límite.......como esas que ponen en la tele y de la que tienes que salir como sea, pero al final llegas, no sabes como pero llegas...


Allí estaba,  ¡ por fín¡,el punto geodésico, totalmente congelado y con forma de bandera porque el viento había modelado  la nieve-hielo acumulada caprichosamente, dándole esa forma, y me acerco y lo abrazo, he llegado...., los del grupo me ven y se ríen, ayer me llamaban campanilla (que horror,  yo que de niña quería ser Peter Pan) 
Continuamos por la cuerda con una ventisca impresionante, que te quemaba la caray un viento helado que te cruzaba la cara. 

Aquí dejo plasmada mi aventura, al final siento orgullo de mi pequeña hazaña, te pones a prueba, es un reto y si sale bien, te sientes muy muy bien, con un adrenalinazo que dura un poco más. Así aguantaré mejor la semana.