lunes, 18 de agosto de 2014

Caminando por el río Alberche

Salimos de noche de Madrid, se nota fresco, es un verano fresquito. El punto de partida Aldea del fresno, 8 de la mañana…..bañadores y zapatillas de agua, un palo.

¡Dios qué frío hace¡

Miro al cielo buscando  el sol,  que recién levantado se despereza en el horizonte,  peleándose con una maraña de nubes que le están tapando su salida. La sensación de frío es mayor.
Nos acercamos al río Alberche, tenemos que entrar en él, vamos a remontarlo a favor de la corriente que no es grande. Me sorprende, es un río limpio, simpático, agradable, variado, amplio, con tanta vegetación en las orillas que quedan desdibujadas, dándole un aspecto selvático.


Un día de aventura explorando el rio, solos, metiéndonos en sus aguas heladas transparentes. La primera sensación es de hielo pero ya no hay marcha atrás iniciamos nuestra andadura. Al principio el fondo son piedras llenas de verdín, después se va combinando con arena y alguna planta acuática.

En nuestro avance, el rio va cambiando de profundidad, en algunos tramos los pies dejan de tocar el fondo y tenemos que nadar en el agua helada que  nos corta la respiración a cada brazada que damos. La sensación agobia un poco, parece que no vamos a llegar al otro lado.

A veces en mitad del río encontramos isletas con troncos haciéndonos barricadas, cerrándonos el paso a traición, trepamos por los troncos verdosos resbaladizos venciendo todos los obstáculos. No sabemos si al otro lado nos espera una poza profunda o si el río baja de nivel, la aventura está asegurada a cada paso que damos.

Escuchar tan cerca de nosotros el aleteo de los patos salvajes saliendo en estampida de los juncos es tan delicioso, como contemplar su bello colorido.
Ya totalmente mojados vamos caminando por el agua, tiritando de frío, imposible parar.

-       “Mª Jesús ahógate o haz lo que quieras pero no nos detengas”….comentan a una rezagada.

El sol está atrapado por las nubes en un abrazo tan intenso que tarda dos horas en librarse de ellas para empezar a hacer efecto. Con los primeros rayos abrimos los brazos como los cormoranes abren las alas buscando el calor del sol.
Descansamos en una isla de arena fina y blanca, y nos calentamos un poco.
Parece Vietnam con el ruido de pájaros y los matorrales que nos impiden ver la orilla y las raíces de los arboles dentro del agua. Algún barbo de buen tamaño se pasea cerca de nosotros.

Ya en el último tramo el Alberche se llena de gente que acude los domingos a lo que llaman “la playa de Madrid”. La gente nos mira curiosa desde sus barbacoas en la orilla.
Anduvimos río abajo 8 kilómetros. En nuestro último tramo  el sol es una esfera poderosa que calienta como lo hace en un mes de agosto. Ahora si se agradece el contacto del agua y sentimos que termine nuestra aventura acuática.

Madrid 18 de agosto de 2014


jueves, 27 de marzo de 2014

Domingo helado


Subíamos un domingo con 5 grados bajo cero, recién estrenada la primavera y un viento frío que te helaba los huesos. Iniciamos la subida por el pinar, hacia la fuente de las campanillas.

Cerca del collado, un viento feroz y una niebla densa nos dieron la bienvenida .

Delante de nuestros ojos, los árboles de la montaña iban encaneciendo con el paso de la nube helada, dejando un paisaje de fantasía. Como navidad en primavera, un choque de contrastes. Algo insólito, único y fugaz.

Y el sol todopoderoso, a mediodía lo repintó todo de verde otra vez.

Quedan nuestras fotos y nuestra memoria


Marzo 2014 subiendo la maliciosa

lunes, 17 de febrero de 2014

Caminando por los Wadis de Jordania

Un viaje alucinante, un remanso de paz....sorprende el sonido del silencio por esos valles desérticos.
En el camino nos encontramos con algunas familias de beduinos nómadas con sus cabrillas que nos ofrecen té en su tienda, con una sonrisa, con sus hijos descalzos y sucios en mitad de la nada. No tienen juguetes,  ni casi comida, ni agua, pero tienen un cielo de estrellas “flipante”, y la libertad de vivir en la naturaleza en su estado puro...


Otra historia y otro mundo, tan cerca y tan lejos. Algo para reflexionar y aprender.


Seguimos avanzando, trepamos por grutas de roca pintadas de colores. Lluvia fuerte que no filtra en el suelo y se vuelve torrencial y te arrastra y te llena de barro.
 Frío y lluvia. Sol y viento. Algún pajarillo blanco y negro. Plantas carnosas, verdes, venenosas con un bulbo blanco, van tapizando el camino, tan venenosas que ni las cabras se atreven con ellas.
Ríos secos que en unas horas se llenan de agua para canalizar la intensa lluvia. Silencio, soledad. Tierra dura, arenosa, moles de piedra sudando arena de colores suaves que esparcen por el suelo formando playas entre montañas.
Caminamos por montañas y valles  hasta llegar a Petra por la parte más alta. Nos damos de bruces con los tenderetes de atractivos beduinos de ojos pintados, vestidos de negro, algunos montan caballos engalanados. Hay niños con burros y algún camello.
Son los príncipes de los reinos de arena, los aladinos de las cuevas de mil colores.
Ellos nos venden un cuento a caballo, mientras sus mujeres enlutadas y sus chiquillos venden “souvenirs” envueltos en polvo arcilloso. ¡Tres piedras un dinar¡
Es su medio de vida para atraer cada día  la riada de turistas que acuden boquiabiertos a la ciudad de arena para soñar ser Indiana Jones. Ese paraíso que la naturaleza modeló caprichosamente, que es la tierra de cuento que habitan.

Petra, fin de año 2013.