martes, 19 de febrero de 2013

Buscando el Pico del Nevero

Ya llevo mucha nieve en el cuerpo este año, me he hundido, enterrado, empapado, agarré de la mano 2 muñecos de nieve, y las raquetas ya se instalan en mis pies como un guante, hasta puedo bailar un vals con ellas.

Pero si tengo que destacar algo de la subida al pico del nevero, fueron las formas caprichosas que la nieve helada había creado allá por donde pasaba, depositándose y esculpiendo caprichosamente todo a su alrededor.
Los pinos no eran pinos, tenían un plumaje de indios, como plumas de avestruz rígidas, todas ellas  mirando en una misma dirección, también cubrían esas plumas todo el terreno que pisábamos.
 Las rocas y los hitos adornados con blanquísimos dientes afilados y plumas y más plumas, dándoles formas muy curiosas. Todo brillaba, como si fuera marmol,  por la luz del sol, y tal era su reflejo, que el sol aparecía en el cielo rodeado de un halo gigante, como otro tipo de arco iris, otro capricho de la luz, que aliada con la nieve, también jugaba a ser artista.

Y el sonido del silencio, en la inmensidad de cumbres blancas de Peñalara y la Cuerda Larga, solamente roto con el ruido de la nieve derritiéndose. Obras efímeras que solo quedaran en nuestra mente y en alguna foto para delatar que estuvimos allí.

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