lunes, 25 de febrero de 2013

Con mi cabra haciendo el idem

Las 9 y veinte de la mañana, cerca de Colmenar a un grado bajo cero, corríamos con las bicis por la dehesa,  pasando los puentes colgantes por encima del río, las vaquitas bravas, las encinas, todo visto como una maqueta algo grande.
Una sensación de libertad total me invade y me emociona..... pero entonces mis manos me traicionan y empiezan a congelarse. Atravesamos la vía cargando las bicis y allí pierdo las manos y solo quedo con un dolor intenso,  paralizante, hago grandes esfuerzos para no gritar, ni llorar, el dolor es muy fuerte, hasta que por fín desaparece. Ahora las tengo rojas, quemadas por el frío
 
La bajada por la carretera de hoyo, trazando suavemente con la bici la silueta de sus curvas, resultó adrenalizante. Después nos adentramos en un sendero que sigue el cauce del río Manzanares, con la orilla pintada de verde brillante y piedras de granito que provocaban nuestra imaginación. Trepamos varias veces con la bici a cuestas y en una trepada pierdo una rueda.
 
Al ser un día  muy azul y muy frío, las montañas empachadas de nieve se agrandan y parecen alpinas, nos detenemos a contemplarlas, nos saludan varios buitres que están intentando coger altura para perderse en el azul intenso, ¡ quien pudiera ir a volar con ellos¡¡. Se empiezan a oir pajarillos y algunas yemas  de los árboles, muy tímidas, se asoman a nuestro paso, la primavera esta llamando a la puerta.
 
Como soy novata,  mi camino no está exento de calamidades con las marchas, dedo pulgar, píñón, plato pequeño, dedo indice piñón, plato mediano, si miro me caigo,ya  no sé que marcha llevo, estoy en medio de la cuesta...me quedo clavada en ella...., y mientras tanto Joaquín se ha convertido en una hormiga en bicicleta,  allá en el horizonte.
 
Tengo que prácticar más, el viaje merece la pena

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