martes, 14 de mayo de 2013

UN POCO DE BUCEO en CUBA

No hace excesivo calor en la barcaza, nos dan las gafas y las aletas, me cuesta encontrar unas de mi tamaño. Nos vamos aproximando lentamente  a la barrera de coral, una especie de roca se levanta en medio del agua,  no estamos lejos de la costa, no cubre demasiado, unos  2 metros y medio aproximadamente, y  no se ven delfines en el horizonte, si no, no me tiro ni loca, Stephen Spielberg  ya traumatizó mi adolescencia con la película de Tiburón y  desde entonces hay un antes y un después en mi relación con el mar, especialmente en aguas oscuras y desconocidas.
Afortunadamente este no era el caso,  eran las aguas del Atlántico Cubano, y   yo estaba tranquila y dispuesta a bucear en esas aguas atlánticas verde esmeralda.
Salto del barco con mis aletas y las gafas, el agua no impresiona, está en su punto, ni fría ni caliente. Rápidamente me sorprendo del cambio de medio, del impresionante  mundo inapreciable desde la superficie, del que empiezo a formar parte y orgullosamente protagonizo, por mi tamaño en relación con ese interior.
Ya desde el inicio me topo con un montón de peces idénticos, gemelísimos , amarillos de rayas negras, típicos de los acuarios, hay muchísimos, se mueven por todos lados, intento tocarlos pues se mueven lentamente,  pero no es posible, se escapan de mis manos con demasiada facilidad.   Me gustaría jugar con ellos.




Son tan gregarios que parecen las ovejas del mar, de entre todos ellos a veces se divisan otras especies, así puedo ver otro todo amarillo que solitario intenta buscar algo dentro de un coral anaranjado, hay otros marrones aplastados que van de dos en dos. Avanzo, y  lo único que suena en este escenario es mi respiración, como si estuviera conectada a un respirador artificial, ¿me oirán los peces? A mí me resulta monstruoso.
 Sumergida en el agua, tras la inmersión llega un momento que tienes la sensación que el agua no moja, te envuelve sin crearte  esa sensación. Parece que estás suspendida en un medio más denso que el aire y todo lo demás es silencio y vaivén alrededor de ese silencio, como una película de cine mudo, llena de paz y sosiego. Todo es armonía allí abajo.
Con las aletas logro velocidad y llego a una zona llena de corales de distintas formas, amarillos y marrones, unos con forma de árbol y otros redondos con surcos,  como cerebros gigantes posados en el fondo del mar y arropados por plantas formando abanicos que se mueven lentamente,  con el vaivén que lo envuelve todo.  Abanicos  morados y mostaza.
En la arena del fondo descubro contenta  una estrella de mar, es de un tono más rojizo, intento acercarme a ella lo más que puedo, no quiero tocarla, para mí es como un ser sagrado allá abajo, y me alegro de encontrarla pues me auguro buena  suerte.
La inmersión me relaja, me fascina, como un niño que con la nariz pegada al cristal de un acuario sueña que está dentro de él, solo que esta vez es real, estuve dentro de un acuario infinito y lo disfrute, lo disfrute mucho. 

1 comentario:

  1. Si alguien aún tiene alguna duda de la descripción de la felicidad que lea esta redacción y os daréis cuenta del significado de esta palabra y de otra que ami me gusta mucho.
    "LIBERTAD"
    Gracias Cayodi

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