miércoles, 17 de abril de 2013

El diablo en el volcán

En mitad del desierto  de Danakil hay un volcán en erupción, es el volcán Erta ale (montaña que humea) desconocido por medio mundo, y se encuentra en la depresión de Afar que está por debajo del nivel del mar.
Para llegar hasta él, nos adentramos en el corazón caliente de Danakil, uno de los puntos más cálidos de nuestro planeta.
La subida es una montaña de lava gigantesca petrificada, en formas de boñigas de vaca gigantes. Subimos de noche con luna llena y con 3 litros de agua caliente para repostar el cuerpo.
Un reflejo rojo nos anuncia la presencia del cráter, seguimos trepando  hasta llegar a la cima y asombrados nos topamos  con una boca  de fuego enorme que se abre y se cierra rítmicamente, escupiendo lava en todas direcciones. Es un espectáculo grandioso y sobrecogedor.
Siento que los ojos se me salen de las órbitas, siento el reflejo de las sacudidas de lava en ellos. Pero, curiosamente  el ruido no es estruendoso, no hay choque de piedras, la lava salta y se lanza al otro lado del cráter como mercurio denso, y su sonido es  como de chapapote pesado intentando alzarse al cielo con la mayor fuerza posible. Una fuerza que viene de dentro de la montaña,  algo empuja en el interior de forma intermitente, con cierto ritmo que te engancha y anima deseando que cada vez empuje más fuerte que la lava en el próximo envite  salte por encima del borde del cráter, como las olas cuando rompen en el acantilado y esperas la gran ola, que lo moje todo. Aquí esperas la inundación de la gran ola de lava.


Cuando sopla el viento el olor del azufre nos invade, resultando insoportables  y tenemos que taparnos para no vomitar.
El movimiento es continuo, la lava se agita y se levanta con distinta intensidad, según el impulso. A veces  parecen fuegos artificiales, escupiendo pequeñas partículas luminosas, pero hay momentos que la boca se enfurece y  estrepitosamente sobresale de ella  una  forma de cuerpo satánico que impresiona por su fuerza y su poder.
Vemos entonces  aparecer el  diablo de fuego que vive  dentro del volcán, capaz de devorarlo todo en un momento. Nos hace sentir insignificantes y manipulables por una naturaleza salvaje y descontrolada, estamos a merced de su capricho.
Pero te engancha, no puedes dejar de mirar ese cráter y en el fondo deseas que se enfade más y más, hasta que lo cubra todo y así tener tu espectáculo único, tu gran aventura que contar.
Dormimos allí arriba al raso, entre dos luces,  la de una Luna casi llena que nos mira con ternura  de madre protectora y la del reflejo rojizo del volcán por cabecero de cama.
Volcán y Luna juntos, acunando nuestro sueño en el desierto de Danakil.

1 comentario: