lunes, 15 de abril de 2013

Caminando frente a Peñalara


Calor en la subida al puerto del Reventón, calor de junio con nieve de febrero en cantidades suficientes para enterrarte hasta la rodilla en algunos tramos.

La subida es un jolgorio de pájaros cantando alocadamente para celebrar el segundo día de sol, después de tantos grises y flirtear un poco.

Durante casi toda la caminata no perdemos de vista Peñalara, montaña de porte colosal, que vestida de nieve impresiona, es inevitable dejar de mirarla, como una diosa poderosa que te atrae.
Delante, la cresta de los claveles le confiere un toque Alpino importante, como si estuvieramos en otro lugar


Se divisan pequeños aludes en las cornisas de la sierra pero somos obedientes y vamos por sendero.

Pasando por el Pico Flecha continuamos bajado una ladera con nieve blanda y sin estrenar, toda para nosotros, nieve que nos llega hasta la rodilla, y bajamos saltando y riendo como locos hasta llegar al Puerto de las Calderuelas, donde comemos en la hierba, tumbados al sol frente al imán de Peñalara.

Divisamos el cauce de un río y nos sorprende el corte en el terreno que dibuja la nieve acumulada al bajar por la ladera de la montaña y que al llegar al rio empieza a crear formas y grietas dando un aspecto glaciar. Bajamos para investigarlo y nos encontramos con  un paisaje único, probablemente irrepetible.
Con cierto respeto intentamos aproximarnos a los surcos para hacernos la foto inmortal, un pequeño glaciar en la sierra madrileña, arte creado para nosotros por un capricho de la naturaleza, damos las gracias por este privilegio.

Nuestra caminata acaba en Rascafría, donde comenzamos, un pueblo con encanto y con una fábrica de chocolate donde dulcemente recuperamos nuestra energía.

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