Nevó en el puerto de Carrales y nevó en el puerto del Escudo, por la noche y a la mañana siguiente. Cuando pasamos nosotros la nieve lo tapizaba todo, como si fuera febrero, en esta primavera mentirosa disfrazada de invierno.
Bajando el puerto del Escudo, encontramos el valle de Luena de un verde brillante y totalmente emborrachado de agua, ya no le cabe más, aparecen cascadas precipitándose desde lo alto en los sitios más insospechados. Tanta lluvia sin sol, durante tantos días, favorece el crecimiento de musgo en las piedras del borde del río y en los troncos de algunos árboles. Musgo verde brillante, como en los prados, como verdes serán las futuras hojas de los árboles aún pelados, por la pereza de la primavera en despertar. Curiosamente el prado está lleno de margaritas dándole un toque más cálido.
El río no calla, desde lejos se deja oír, es un río pequeño y simpático, como de cuento, 15 kilómetros de agua sobre piedras de formas redondeadas y diferentes tamaños, que ahora bucean como pueden entre la corriente.
La lluvia es muy tenue, casi no se nota, caminando hacia el río para ver la crecida provocada por tanta nieve, me llama la atención un movimiento naranja sobre una valla, una maraña inquieta de pelos me dificulta la imagen, me acerco muy muy lentamente y veo una ardilla comiendo con un tupé gigantesco de pelo naranja sobre su cabeza, ya lo entiendo, es su cola que hace de paraguas para amortiguar la lluvia, este año no se lo ha debido de quitar.
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